Guía corta de buenas prácticas para partidos y equipos de campaña
Recomendaciones para contribuir al fortalecimiento de la democracia.
Este documento recoge una serie de recomendaciones de buenas prácticas dirigidas a partidos políticos y equipos de campaña. No tiene carácter obligatorio ni aspira a tenerlo: se trata de sugerencias orientadas a contribuir al fortalecimiento de la democracia.
Fomentar la participación ciudadana
Una democracia es más sólida cuando los ciudadanos intervienen de manera constante y no únicamente cuando hay elecciones. Participar va más allá de votar: implica informarse, expresar opiniones, asistir a actividades y darle seguimiento a lo que sucede en los asuntos públicos.
Es de vital importancia que los partidos y equipos de campaña sostengan espacios de encuentro y de explicación también fuera de los periodos electorales. Si solo se hacen presentes en campaña, el vínculo con la gente se resiente y esta termina viendo los procesos como algo ajeno. Una relación más continua despierta el interés ciudadano y facilita que las personas se involucren de forma natural.
Procurar reglas claras y estables
Las reglas de la competencia deben ser claras y no modificarse al vaivén de las conveniencias. Aunque los partidos y equipos de campaña no son quienes las establecen, sí pueden estar atentos a que se cumplan y advertir cuando se alteran de manera irregular o sin una justificación válida.
Con normas estables, todos saben cómo participar y qué esperar. En cambio, los cambios frecuentes minan la confianza y refuerzan la idea de que el resultado ya está definido. Estar atentos a esas modificaciones y hacerlas notar es una manera de resguardar el sistema.
Reclamar transparencia en los procesos
Asumir que todo funciona bien no es suficiente. Es aconsejable que los partidos y equipos soliciten que se den a conocer los pasos específicos: cómo se escoge a las autoridades electorales, cómo se divulgan los resultados, cómo se atienden las dudas y cómo se administran los recursos.
Más transparencia se traduce en menos margen a la desconfianza y a los rumores. Si falta, es válido ponerlo en evidencia. Un proceso abierto a la revisión resulta más creíble que uno que se muestra como cerrado.
Apostar por la formación y la capacitación
Un partido no existe solo para ganar elecciones, sino también para representar y gobernar con acierto. Es conveniente que los partidos y equipos de campaña capaciten de forma continua a sus militantes, dirigentes y candidatos, sea con centros de estudio propios o mediante alianzas con universidades, fundaciones y otras instituciones.
Esa capacitación podría abarcar gestión pública, ética, derechos ciudadanos, funcionamiento institucional y comunicación, sin quedarse en la doctrina partidista. Cuando falta preparación, los cargos se cubren con improvisación y los errores se repiten. Formar no asegura buenos gobernantes, pero tiende a eliminar la improvisación y aporta mejores criterios al momento de elegir candidatos.
Procurar coherencia entre lo que se dice y lo que se hace
Conviene que lo que se dice sea consistente con lo que se hace. Si el mensaje y la conducta van por caminos distintos, la credibilidad se deteriora con rapidez. Los partidos y equipos coherentes ganan confianza con el paso del tiempo; los que no lo son levantan sospechas, por atractivo que sea su discurso.
Ser coherente no significa que todo resulte perfecto, sino que exista concordancia entre lo prometido y lo realizado.
Sostener una comunicación institucional permanente
La comunicación no tendría que agotarse en la campaña. Entre un proceso electoral y otro también es aconsejable informar, explicar y mantener el contacto con la gente. Comunicarse de forma regular permite que las personas comprendan lo que ocurre y no reciban mensajes únicamente cuando se les pide el voto.
Si la comunicación se interrumpe entre elecciones, la gente se aleja; si continúa, es más sencillo detectar problemas a tiempo y preservar la confianza.
Definir criterios claros y públicos para postular candidatos
Toda persona tiene derecho a aspirar a un cargo de elección popular, y esta recomendación no busca limitarlo. Se dirige a los partidos y se refiere a cómo deciden a quiénes postulan en nombre de su organización.
Conviene que cada partido defina criterios claros y verificables, como trayectoria, preparación para el cargo y respeto a las reglas democráticas, que los haga públicos y los aplique de forma pareja. Postular con reglas conocidas fortalece la confianza en el sistema y contribuye a que la democracia esté mejor servida.